El movimiento moderno de Javier Carvajal

Para muchos de las nuevas generaciones de arquitectos, Javier Carvajal Ferrer no supone una referencia en mi opinión al suficiente nivel como debiera. Arquitecto de tiempos convulsos, de peligrosas alineaciones políticas, de momentos de prohibiciones y censura, ha desarrollado una arquitectura tan plástica, artística, en momentos escultural, pero capaz de ser tan cercana y cálida, que merece más de un artículo. Sus edificios te envuelven de manera abrumadora, y los muros y divisiones parecen no tener interrupciones en sus consecuciones a lo largo de las estancias, tanto en horizontal como en vertical, el espacio fluye de una manera natural entre el exterior de la vivienda y los patios, alrededor de los cuales las viviendas parecen estructurarse, haciendo de éste el corazón del proyecto. Los pesados muros de hormigón de pronto adquieren una ligereza y plasticidad conseguida únicamente a través del cuidado exhaustivo del detalle constructivo, en la calidad de la ejecución de las obras y el enriquecimiento en el proceso tanto proyectual como constructivo constante al que están sometidos sus edificios.

Planta Viviendas en Torre de Valencia. Madrid 1968-72.

Javier Carvajal fué arquitecto origen de muchas polémicas en los años de transición política española, en los que tanto sus alineaciones políticas como menesteres personales le indujeron a momentos de crisis profesional,  arrastrando algunas de sus obras a caer en el desagrado social, tal y como fuere con la torre de Valencia en Madrid y lapidando grandes años de hiperactividad creativa e intensidad laboral, enfocada sin remedio al mundo de los concursos públicos y con mayor o menor fortuna en peripecias personales por América del sur. Eran años en los que la información cambiaba radicalmente dependiendo de la índole política de la publicación.
Centrándonos en el plano arquitectónico, Javier Carvajal pertenece a una generación de oro de arquitectos de la postguerra y años 50, en la que se hace una profunda revisión del movimiento moderno.

Edificio de viviendas en plza Cristo Rey. Madrid años 50.

Cabe destacar en sus comienzos el edificio de viviendas situado en la madrileña plaza de Cristo Rey en colaboración con Rafael García de Castro. Hay que ubicarse temporalmente en los años cincuenta para entender el impacto de este edificio en la ciudad. En un momento en el que el arquitecto tenía que inventar todo hasta diseñar la propia carpintería debido a la falta de las facilidades que la tecnología nos presta hoy. El edificio está dotado de una gran plasticidad y consigue hacer de esta rotunda torre un objeto de planos abstractos realmente escultórico.

Edificio de estudios mercantiles. Barcelona años 50.

Más presente en su obra empieza a mostrarse la idea de trama, retícula, tan presente en el edificio de estudios mercantiles de Barcelona, claro ejemplo de arquitectura racionalista como muestra su fachada. Totalmente modulada y donde consigue ir más allá en el propio detalle constructivo, aportando detalles compositivos en sus carpinterías, barandillas, etc, en un momento en el que los detalles tenían una función meramente funcional y de necesidad.

Javier Carvajal también consigue un gran efectismo volumétrico, formal, pero sin caer en superficialidades ni caprichos en la parroquia Nuestra Señora de los Ángeles en Vitoria, en el año 1956, donde se apoya en materiales como el ladrillo, mucho más industriales y menos «nobles» que el hormigón que tanto prodiga en sus obras, pero con resultados igualmente espectaculares.

Show room Loewe. Madrid 1960-70.

En Madrid de nuevo encontramos el diseño de la tienda de Loewe, que por aquel entonces tenía todo un mundo que diseñar. Ubicada en la calle Serrano de Madrid, hoy se encuentra terriblemente transformada. Por aquel entonces consiguió una más que lograda conexión entre el exterior y el interior con unos amplios escaparates y unas divisiones interiores que no llegaban hasta el techo, haciendo el espacio mucho más fluido. También diseño la oficina central de la marca ubicada en Barcelona.
Al igual que otros artista como el mismo Chillida, quien se ataba la mano derecha a la espalda para dibujar con su mano izquierda, Javier Carvajal disfrutaba de una enorme facilidad para dibujar, tal era ésta que era capaz de realizar proyectos enteros en horas. Esta facilidad, lejos de convertir sus obras en recreaciones personales recargadas y caprichosas, hacía de estas de obras ricamente planteadas, donde cada rincón tenía una función y el espacio se apropiaba de las tres dimensiones para aprovecharlo al máximo y dilatar las estancias según su función o situación, convertir los espacios en dinámicos o estáticos, cada uno con un carácter propio y donde cada encuadre es distinto del anterior.
Estas características se manifiestan de sobremanera en las dos viviendas unifamiliares construidas en los años sesenta en el barrio de «Prado de Somosaguas», donde encontramos unas plantas elaboradísimas y donde (mucho antes que se pusiese de moda) en los espacios exteriores se juega con una topografía artificial. Estas viviendas, llamada alguna de ellas en su momento «el búnker», ofrecen una privacidad muy rotunda al exterior para sorprender al invitado con una riqueza de espacios e iluminaciones interiores producidas por la constante comunicación entre el exterior de la vivienda volcado a los jardines y los patios tan sabiamente ubicados y estructurados en el interior. Alguna de ellas ha sido escenario de películas de la época.

Detalle patio interior en una vivienda en Madrid. 
Apartamentos en Calle Monte Esquinza 41, Madrid 1966-68

Como obra más que simbólica de Javier Carvajal, no solo por su arquitectura sino por la controversia que supuso, la torre de Valencia se erige como un elemento de escala totalmente diferenciada de los proyectos anteriores. Criticada hasta la saciedad por romper una de las perspectivas más buscada en el Madrid turístico, se levanta en una de las esquinas del parque del Retiro en Madrid, coincidiendo en perspectiva con la puerta de Alcalá de Sabatini desde la Gran Vía.

Torre Valencia. Madrid 1968-72.

Debido al momento político en que se construyó, la torre cayó en crítica negativa social, y su reputación como gran obra no llegó a calar.

Perspectiva de la Torre de Valencia desde la Gran Vía madrileña.

Otras de sus obras son la barriada de los Almendrales en Madrid, como ejemplo de obra social, el pabellón de la exposición internacional en Estados Unidos en 1964, como ejemplo de una arquitectura moderna sin caer en la descontextualización, la residencia de estudiantes en la Ciudad universitaria de Madrid,  el Zoo de Madrid, excelente trabajo en hormigón como reflejo de la naturaleza entre los años 1967 y 1969, el edificio de la aseguradora Adriática entre 1975 y 1978 y la sede del Banco Central en la calle Serrano de Madrid.

Javier Carvajal

Para finalizar proponemos un documental ofrecido por la Universidad de Navarra donde se ofrece un homenaje a la figura y vida de este arquitecto.

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